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Leer original →Por qué cada vez más estudiantes de noveno grado son rechazados para ingresar a décimo grado
Analizamos las razones detrás del aumento de rechazos a estudiantes de noveno grado para continuar en décimo: educación especializada, políticas estatales de desarrollo de formación profesional y los derechos de los alumnos a continuar su educación.

La escuela secundaria superior ya no es para todos
En julio de 2026, una residente de Novosibirsk relató a los medios que su hija, tras terminar el noveno grado, no pudo acceder al décimo grado de la escuela N° 211. Según la madre, a la niña le faltó un punto en el certificado y en el OGE para ingresar a una de las clases especializadas. Los intentos de encontrar un lugar en escuelas vecinas tampoco dieron resultado: allí alegaban falta de cupos disponibles, y en la reunión de padres los docentes supuestamente aconsejaban considerar de antemano los colegios técnicos, explicando que al décimo grado "pasarían muy pocos". Según la misma publicación, en esta escuela no admitieron a los grados superiores a cerca de 200 alumnos. Quejas similares llegaron desde Izhevsk, Ekaterimburgo y Kémerovo.
Las historias sobre estudiantes a quienes después del noveno grado se les sugiere no continuar en la escuela sino elegir un colegio técnico han aparecido cada vez con mayor frecuencia en los últimos años. Para los padres esto resulta una sorpresa: formalmente el niño tiene derecho a obtener educación secundaria general, pero en la práctica el camino al décimo grado está cada vez más condicionado a requisitos adicionales: perfil de estudios, cantidad de cupos y exigencias de rendimiento.
Según Mijaíl Sverdlov, autor del canal "La educación que merecemos", hace apenas diez años la situación era la opuesta: la mayoría de los estudiantes permanecían en la escuela después del noveno grado.
"Hoy la situación es prácticamente inversa. Según datos del Ministerio de Educación, en el año escolar 2024-2025 alrededor del 62-63% de los egresados de noveno grado ingresaron a instituciones de formación profesional secundaria, y en 2026 el ministro Serguéi Kravtsov ya hablaba de una cifra cercana al 65%. En consecuencia, al décimo grado pasan aproximadamente el 35-38% de los estudiantes de noveno".
Él atribuye estos cambios no solo a la elección de las propias familias, sino también a la transformación de la política estatal en materia de formación de cuadros profesionales.
"El crecimiento no puede explicarse únicamente por el cambio en las preferencias de las familias. Se trata de una tendencia a largo plazo que se ve respaldada por las políticas estatales y los cambios en el mercado laboral".
Por qué las escuelas limitan el ingreso a décimo grado
La principal razón por la que surgen conflictos en torno al ingreso a décimo grado es la transición de las escuelas hacia un modelo de enseñanza especializada. Después de noveno grado, muchas instituciones educativas ya no forman grupos universales, sino clases especializadas: físico-matemáticas, de ciencias naturales, tecnológicas, humanísticas. El número de plazas en estos grupos es limitado y las exigencias para los alumnos son mayores.
Las escuelas justifican estas restricciones con razones objetivas: no hay suficientes docentes, aulas ni recursos para admitir a todos los interesados. Además, las clases especializadas se crean para programas educativos específicos y suponen una selección de alumnos según criterios establecidos.
"La escuela efectivamente tiene derecho a formar una determinada cantidad de décimos grados especializados de acuerdo con sus capacidades: recursos humanos, número de aulas y el encargo municipal aprobado", explica Mijaíl Sverdlov.
Sin embargo, los padres a menudo se enfrentan a otra situación: al niño no solo le niegan el acceso a la especialización, sino la posibilidad misma de continuar sus estudios en la escuela. En este caso surge la pregunta de si se trata de una restricción legítima o de una expulsión de facto de parte de los alumnos de la escuela secundaria superior.
Según Natalia Jozitskaya, directora del proyecto de orientación vocacional ProfMe, las causas de esta situación no solo están relacionadas con decisiones internas de las escuelas, sino con la lógica general del sistema educativo.
"El Estado tiene una demanda de especialidades técnicas. Faltan manos, faltan especialistas en oficios, en especialidades de producción, mientras que las universidades están sobrecargadas".
Señala que el Estado está cambiando gradualmente su enfoque respecto a la trayectoria educativa: el colegio técnico cada vez se percibe menos como una opción de respaldo para quienes no pudieron ingresar a la universidad, y cada vez más como una vía autónoma de formación de cuadros profesionales.
Esta política ya se refleja en decisiones concretas. Así, desde 2025 en Moscú, San Petersburgo y la región de Lípetsk arrancó un proyecto piloto. Si antes todos los alumnos de noveno grado debían rendir cuatro exámenes OGE, ahora a quienes planean ingresar a un colegio técnico les bastan dos obligatorios: lengua rusa y matemáticas. Para pasar a décimo grado se mantuvo el requisito de cuatro exámenes. Al mismo tiempo, el Estado está ampliando el sistema de educación profesional secundaria (SPO): para el año académico 2025/26 se asignaron 850.8 mil plazas con financiamiento público —68 mil más que el año anterior—, y en total en 2025 fueron admitidas en colegios técnicos y escuelas técnicas alrededor de 1.3 millones de personas.
"Si hay demasiados especialistas con educación superior que trabajan fuera de su área de formación, y muy pocos especialistas con educación media cuando la demanda de estos últimos es alta, es lógico que el sistema educativo participe en este proceso e intente abastecer de mano de obra a la producción".
Según la experta, las propias escuelas se convierten en gran medida en transmisoras de esta política. Su tarea no es solo garantizar el acceso a la educación secundaria superior, sino también cumplir con los requisitos relacionados con el desarrollo de la enseñanza especializada y la orientación profesional de los estudiantes.
Entre la especialización y los indicadores
Otro factor son los resultados de la escuela. Los últimos cursos están hoy estrechamente vinculados a la preparación para el examen estatal unificado y el ingreso a las universidades. Para las instituciones educativas, los indicadores de sus egresados se convierten en uno de los criterios de eficacia: resultados de los exámenes, cantidad de admitidos en universidades, logros de los alumnos.
Por eso, parte de las escuelas busca formar grupos especializados sólidos con estudiantes de mejores resultados. En algunas regiones ya existen requisitos adicionales: por ejemplo, para ingresar a las clases especializadas pueden considerarse las calificaciones en materias específicas, los resultados del examen estatal básico o el promedio del certificado.
"El sistema estatal está organizado de tal manera que se autorregula en todos los niveles. Si el Estado necesita trabajadores de producción, necesita especialistas, entonces establece ciertos criterios y evaluaciones para las escuelas y las recompensa por lo que le resulta conveniente", afirma Natalia Khozitskaya.
Según ella, las escuelas en esta situación se convierten en parte de un sistema general que simultáneamente busca mejorar la calidad de la educación secundaria superior y aumentar el número de egresados de institutos técnicos.
"Las escuelas están en una posición de dependencia, no es que rechacen a alguien por voluntad propia, participan en la vertical general y se ven obligadas a actuar así porque les imponen esos indicadores, criterios y normas", señala la experta.
Al mismo tiempo, la recomendación de elegir un instituto técnico no siempre implica un escenario negativo. En los últimos años, el sistema de educación profesional secundaria se ha convertido en una de las prioridades para el Estado. En 2025, los institutos técnicos y escuelas técnicas admitieron alrededor de 1,3 millones de personas, y para el año académico 2025/26 se aprobaron 850.800 plazas financiadas por el Estado, 68.000 más que el año anterior.
La razón de esta atención es la necesidad de la economía de contar con especialistas de nivel medio. La industria, la construcción, el transporte, la medicina, la energía y las empresas tecnológicas enfrentan una escasez de profesionales que puedan incorporarse rápidamente al mercado laboral.
Sin embargo, el problema surge cuando una elección consciente se convierte en una decisión forzada. Para algunos estudiantes, el instituto técnico representa una trayectoria bien pensada; para otros, es el resultado de que ingresar al décimo grado resultó difícil.
¿Tienen las escuelas derecho a no admitir en el décimo grado?
La pregunta clave en esta situación es si la escuela puede realmente negarle a un alumno la continuación de sus estudios después del noveno grado. La posición del Ministerio de Educación sostiene que obtener la educación secundaria general sigue siendo un derecho de cada egresado de la escuela básica. En respuesta a una consulta de «Argumento Media», la dependencia señaló:
«Cada niño que haya completado el noveno grado y obtenido su certificado de educación general básica tiene pleno derecho a continuar sus estudios a nivel de educación secundaria general o secundaria profesional. Este es un derecho constitucional de cada ciudadano de nuestro país. El acceso a la educación secundaria completa debe estar abierto para todos los egresados de noveno grado sin excepción».
Al mismo tiempo, la escuela efectivamente puede establecer condiciones para el ingreso a clases especializadas. Si la institución educativa realiza una selección individual, esta debe basarse en reglas previamente aprobadas e iguales para todos los alumnos.
«Las instituciones educativas pueden implementar enseñanza especializada con estudio profundizado de determinadas materias. En este caso, la escuela tiene derecho a realizar una selección individual o pruebas de admisión para la inscripción», informó el Ministerio de Educación.
Es decir, el rechazo es posible si el niño no cumple con los requisitos de una especialización específica o si no hay cupos disponibles en la escuela. Pero esto no significa que el alumno pierda el derecho a continuar sus estudios en absoluto.
«Si en la escuela donde el niño terminó el noveno grado no hay cupos disponibles, el órgano del poder ejecutivo del sujeto de la Federación Rusa que ejerce la gestión estatal en materia de educación, o el órgano de gobierno local que ejerce la gestión en materia de educación, está obligado a encontrar un lugar para el niño en otra escuela accesible», precisó el ministerio.
Según Mijaíl Sverdlov, lo fundamental es la distinción entre el rechazo a una especialización específica y el rechazo a recibir educación.
«Si la escuela anuncia admisiones para el décimo grado, los criterios de ingreso deben ser transparentes, estar respaldados por normativas locales y ser iguales para todos», señala el experto.
Subraya que la escuela no puede restringir arbitrariamente el acceso a la secundaria superior si el niño ha cumplido con los requisitos establecidos.
«Si la escuela no puede admitir a todos los interesados precisamente en la especialización, esto no significa la privación automática de la posibilidad del niño de continuar sus estudios en general», afirma Mijaíl Sverdlov.
El colegio técnico como elección o alternativa forzosa
El aumento en el número de ingresantes a colegios técnicos muestra que la educación secundaria profesional está cambiando gradualmente su estatus. Para muchos adolescentes ya no es una opción de respaldo tras un fracaso escolar, sino una trayectoria profesional independiente.
Después de graduarse del colegio técnico, el egresado puede continuar su formación en la universidad. Según datos de un estudio del Instituto de Investigaciones Estadísticas y Economía del Conocimiento de la Escuela Superior de Economía, entre quienes ingresan a programas de licenciatura y especialización, el 19% previamente completó programas de educación profesional media.
Sin embargo, los especialistas señalan que lo importante no es el hecho mismo de elegir un colegio técnico, sino la razón por la cual el adolescente decide ir allí. Si la decisión está vinculada al interés por la profesión y a la comprensión del camino a seguir, esta trayectoria puede resultar exitosa. Pero si el joven termina en el colegio técnico únicamente porque no logró ingresar al décimo grado, esto puede convertirse en un problema.
La directora del proyecto de orientación vocacional ProfMe, Natalia Khozitskaya, considera que los padres deben estudiar con anticipación las normas de admisión a la escuela secundaria superior y no postergar esta cuestión hasta el final del noveno grado.
"En primer lugar, hay que familiarizarse con el reglamento de la escuela, con las normas de transición que la institución debe registrar por escrito y publicar. Y debe hacerlo con anticipación", señala la experta.
Según sus palabras, es especialmente importante comprender de antemano qué opciones tiene el joven y qué exámenes le conviene presentar.
"Si el chico no está seguro, por ejemplo, si al inicio del noveno grado aún no sabe si quiere continuar sus estudios en un colegio técnico o en la universidad, es mejor prepararlo para que presente los cuatro exámenes del OGE. Así tendrá la posibilidad de elegir", destaca Natalia Khozitskaya.
Ella explica que renunciar demasiado pronto a parte de las posibilidades puede limitar las opciones futuras del adolescente.
"Dado que se trata de un estudiante de noveno grado, y aún no es un ser completamente maduro, probablemente no convenga confiar del todo en su elección definitiva. Vale la pena continuar conversando con él y reflexionando sobre su futuro", afirma la especialista.
Al mismo tiempo, la experta subraya que el colegio técnico en sí mismo no representa una opción educativa de menor calidad.
"No hay nada terrible con los colegios técnicos. No hay que temerles. En sí mismos no son malos", señala Natalia Khozitskaya.
Hoy en día, en el sistema de educación profesional media existen áreas demandadas, desde especialidades de IT e ingeniería hasta medicina, diseño y profesiones de producción. Además, los empleadores interactúan cada vez más directamente con los colegios técnicos, ofreciendo a los estudiantes prácticas profesionales y posterior inserción laboral.
¿Nueva realidad educativa o problema del sistema?
La situación con el ingreso al décimo grado refleja varios procesos simultáneos. Por un lado, la economía rusa realmente necesita una mayor cantidad de especialistas de nivel medio, y los colegios técnicos se están convirtiendo en una parte integral del sistema educativo. Por otro lado, la transición hacia este nuevo modelo genera riesgos, cuando parte de los adolescentes y sus padres perciben las recomendaciones de optar por la formación profesional secundaria no como una elección, sino como la ausencia de alternativas.
Para el Estado, el desarrollo de la formación profesional secundaria resuelve varias tareas a la vez: cubre el déficit de personal, reduce la carga sobre el sistema universitario y permite formar especialistas para la economía con mayor rapidez. En 2024, el gasto en educación en Rusia ascendió a aproximadamente 8 billones de rublos, de los cuales el 41% correspondió a la educación escolar y el 19% a la educación superior.
Pero para cada familia en particular, la cuestión sigue siendo no solo económica, sino también personal: ¿está el adolescente preparado para elegir una profesión ya después del noveno grado o necesita dos años más para definir su camino?
Según los expertos, el principal riesgo no radica en el crecimiento de la popularidad de los colegios técnicos en sí, sino en que la elección siga siendo consciente.
"No hay absolutamente nada terrible en los colegios técnicos, si se trata de una elección consciente. Si existe un plan educativo o profesional", afirma Natalia Khozitskaya.
El aumento en el número de rechazos para el décimo grado no obedece a una sola causa, sino a la transformación de todo el sistema educativo. La escuela secundaria superior se vuelve más selectiva, la enseñanza especializada se amplía y los colegios técnicos adquieren un nuevo rol en la formación de personal. Sin embargo, el derecho a continuar los estudios después del noveno grado sigue perteneciendo a cada alumno, y la tarea del sistema no es reemplazar la elección del adolescente con una decisión administrativa, sino garantizarle la posibilidad de elegir la trayectoria adecuada.