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Leer original →Revaluación de las reservas oficiales: experiencia internacional
El economista jefe de la Reserva Federal analizó la experiencia de 5 países en la monetización de reservas de oro. El potencial para Estados Unidos alcanza los $800 mil millones, pero existen riesgos para la independencia de los bancos centrales y el dólar. Prácticas internacionales y proyecciones para 2025.

Colin Weiss —economista jefe del departamento de flujos financieros globales de la Reserva Federal— analiza casos históricos del uso de ingresos derivados de la revaluación de oro y reservas de divisas para financiar necesidades estatales. Se trata de un análisis sistémico con ejemplos de gran actualidad en el contexto de la creciente deuda estadounidense y los debates sobre la monetización de activos de los bancos centrales. El estudio resulta especialmente interesante en 2025, cuando Estados Unidos enfrenta un déficit presupuestario récord, mientras otros grandes actores, incluidos Rusia y China, diversifican activamente sus reservas.
Cabe destacar que anteriormente la Reserva Federal no había publicado ningún material sobre esta temática ni había realizado declaraciones oficiales al respecto.
El material analiza el uso de ingresos derivados de la revaluación de reservas oficiales (oro y divisas) como fuente alternativa de financiamiento para gobiernos con alta carga de deuda. El autor se centra en cinco casos internacionales de los últimos 30 años (Alemania, Italia, Líbano, Curazao y Sint Maarten, Sudáfrica), donde tales revaluaciones permitieron cubrir déficits o pérdidas sin aumentar impuestos ni emitir deuda.
Weiss rastrea las raíces de la cuestión hasta las prácticas contables de reservas: los bancos centrales mundiales pueden valorar el oro a costo histórico o a precio de mercado (fair value), con ganancias/pérdidas no realizadas en "cuentas de revaluación". Las bajas tasas de interés y el crecimiento de la deuda (tras las crisis de 2008 y 2020) obligaron a los gobiernos a buscar alternativas: así, la revaluación permite monetizar activos "dormidos" sin venta física. Por ejemplo, en Estados Unidos el oro se valora al precio establecido por ley de $42.22 por onza (desde 1973), pero el precio de mercado de ~$3300-3500 hace que una potencial revaluación de estas reservas por más de $800 mil millones (3% del PIB) resulte atractiva para cubrir el déficit.
De manera similar, en Bélgica en 2024 se discutió una revaluación para financiar gastos, pero esto generó controversias sobre la independencia del BCE. Históricamente, tales medidas se aplicaron en crisis: después de la Segunda Guerra Mundial, países como Italia utilizaron el oro para estabilizarse, pero esto a menudo enmascaraba problemas profundos. El autor presenta ejemplos recientes: Sudáfrica en 2024–2027 utiliza 150 mil millones de rands sudafricanos (2% del PIB) de la revaluación del oro para reducir la carga de deuda. En general, la escala de las revaluaciones crece consistentemente: desde los años 90 hasta los 2020 cubrieron desde 0.5% (Alemania) hasta 11% del PIB (Líbano). La tendencia transforma la estructura de las finanzas mundiales y el rol de los bancos centrales: de guardianes de la estabilidad a "rescatistas financieros" de los gobiernos.
En el contexto de 2025, con una deuda pública global de $100 billones, según datos del FMI, las revaluaciones pueden convertirse en norma, pero intensifican los riesgos: la emisión sin reformas conduce a la inflación.
Sin embargo, la principal vulnerabilidad es el socavamiento de la independencia de los bancos centrales y la disciplina fiscal. La revaluación enmascara los déficits, pero no los resuelve. También crecen los riesgos de efectos en cascada: si los mercados dudan de la independencia de los reguladores, esto provocará fuga de capitales y aumento de las tasas de interés. El autor advierte: en Estados Unidos esto podría debilitar al dólar como moneda de reserva, especialmente con la reducción de su participación en las reservas globales al 59% (FMI, 2024). Otro problema es la desigualdad: los ingresos de las reservas van a las élites, mientras los riesgos (inflación) recaen sobre la población.
El estudio es un valioso panorama sobre un tema poco frecuente, con ejemplos claros y recomendaciones: las revaluaciones pueden mitigar crisis, pero requieren transparencia y reformas. El autor subraya que en la era de altas deudas esto es una herramienta, pero no una panacea. Lo recomendamos para economistas y políticos: el material contextualiza por qué las revaluaciones son "última instancia" y propone verlas como un puente hacia la disciplina fiscal. Sin cambios estructurales, las revaluaciones solo postergarán la crisis.
Resumen
La revaluación de las reservas de oro puede aliviar temporalmente la presión fiscal, pero no resuelve problemas estructurales y puede socavar la independencia de los bancos centrales. Sin embargo, para deudores soberanos "crónicos" puede convertirse en una medida inevitable como respuesta a la creciente presión fiscal.