¿Estacionalidad o fallo sistémico?
Los impagos ocurren cuando una empresa no recibe el dinero de otra por bienes o servicios ya entregados. Por ejemplo, un contratista cumple con su encargo, pero el cliente retrasa el pago porque a él tampoco le han pagado sus propios clientes o el presupuesto. Así se desencadena una reacción en cadena: el dinero deja de circular y cada eslabón siguiente de la economía se enfrenta a un déficit de liquidez.
El impacto de los impagos sobre las empresas creció sustancialmente durante el tercer trimestre de 2025. El incumplimiento de obligaciones por parte de los socios como problema principal lo señalaron el 39% de los encuestados por RSPPP. La comparación con el año pasado confirma en parte la hipótesis de la estacionalidad (en el tercer trimestre de 2024, el 36,6% de las empresas mencionaron los impagos de contrapartes como el principal problema empresarial). Sin embargo, el aumento actual de 12 puntos porcentuales (del 27% al 39%) en un solo trimestre resulta anómalamente brusco. ¿Por qué?
Uno de los factores clave es presupuestario. El Ministerio de Finanzas trasladó la financiación activa de contratos públicos al inicio de 2025. Como resultado, en otoño muchos contratistas, especialmente en el sector de pequeñas y medianas empresas (pymes), se enfrentaron a retrasos en los pagos de empresas estatales. Incluso considerando el factor estacional, la velocidad sin precedentes del crecimiento de los impagos no indica una fluctuación cíclica, sino un fallo sistémico. El traslado del gasto presupuestario actuó como detonante, exponiendo la fragilidad de las cadenas de pagos y su dependencia del ciclo financiero estatal.
Contexto de la crisis: la demanda cae, los créditos no salvan
Los impagos rara vez llegan solos. Van de la mano con otros "limitadores del crecimiento". En segundo y tercer lugar del ranking de problemas de RSPPP, con indicadores del 34% y 32% respectivamente, se encuentran la "caída de la demanda" y la "falta de capital circulante". Se forma un círculo vicioso: la demanda cae, los ingresos se reducen, las empresas no tienen con qué pagar a sus contrapartes, y estas, para economizar, se ven obligadas a contraer aún más la demanda.
En este contexto, resulta notable que las empresas se quejen menos de las dificultades con los créditos: si en el segundo trimestre más del 30% de las compañías mencionaban su inaccesibilidad como problema, en el tercero solo el 16%. Los créditos se vuelven gradualmente más accesibles, lo que reduce la tensión.
Estrategias de supervivencia: economía total en lugar de desarrollo
La respuesta empresarial a la crisis de liquidez resultó predecible y dura: el 68% de las empresas declararon recortes de gastos, principalmente en gastos administrativos, servicios de contratistas y personal. En lugar de despidos oficiales masivos, que podrían provocar convulsiones sociales y empeorar las estadísticas, las empresas prefieren utilizar formas ocultas de adaptación. Las compañías dejan de contratar personal nuevo, recortan primas, trasladan a empleados a jornadas reducidas, recortan gastos administrativos. Formalmente, los puestos de trabajo se mantienen, pero los salarios y las condiciones empeoran. Esto no es crecimiento, sino más bien una "congelación" de la economía.
Esta maniobra táctica tiene consecuencias estratégicas. Al congelar el desarrollo hoy, las empresas sientan las bases para el rezago de mañana. La economía corre el riesgo de caer en una trampa de estancamiento, donde la lucha por la supervivencia desplaza cualquier intento de planificar a largo plazo.
La estacionalidad como síntoma
Los impagos han pasado a ocupar una posición dominante en la agenda empresarial rusa, agravándose con la caída paralela de la demanda (factor señalado por el 34% de los representantes empresariales encuestados por RSPP). Sin embargo, las compañías demuestran flexibilidad, encontrando margen de maniobra en condiciones de crisis de liquidez.
Las empresas se adaptan a esto, pero lo hacen a costa de su propio futuro: recortan en desarrollo, inversiones y personal, manteniendo una apariencia de estabilidad. Este equilibrio no puede durar indefinidamente: sin la recuperación de una disciplina de pagos normal y la previsibilidad de los flujos presupuestarios, la economía corre el riesgo de quedar atrapada en un estado de "movimiento congelado", donde el crecimiento ha sido sustituido por la mera supervivencia.