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Análisis de la inversión extranjera directa global en 2025: crecimiento de la IED hasta $1,624 billones, redistribución de capital hacia economías desarrolladas, auge de inversiones en IA y semiconductores. Ranking de países receptores.

En 2025, el flujo mundial de inversión extranjera directa (IED) creció un 6%, hasta $1,624 billones. A primera vista, esto sugiere una recuperación del movimiento internacional de capitales. Sin embargo, el número de nuevos proyectos greenfield —es decir, inversiones destinadas a crear nuevas empresas e instalaciones productivas— se redujo un 10% en el año. Resulta que hay más dinero circulando en el mundo, pero menos proyectos de inversión. El capital se concentra cada vez más en determinados países, centros financieros y grandes proyectos tecnológicos.
El capital regresa a las economías desarrolladas
El principal incremento en 2025 correspondió a las economías desarrolladas: recibieron $723 mil millones en IED, un 11% más que el año anterior. Las economías en desarrollo recibieron $901 mil millones, pero su resultado creció apenas un 2%. La diferencia es especialmente notable por regiones. Europa aumentó su flujo un 39%, hasta $285 mil millones, mientras que América del Norte lo redujo un 2%, hasta $344 mil millones. En América Latina y el Caribe el indicador creció un 14%, hasta $188 mil millones, mientras que en África, por el contrario, cayó un 26%, hasta $70 mil millones.
La dinámica muestra que el crecimiento de la IED mundial no puede considerarse una recuperación uniforme de la actividad inversora. Es más, más del 80% de todo el flujo mundial se concentra en los 20 principales países receptores. Si bien las economías en desarrollo reciben formalmente el 55% de la IED mundial, el principal incremento en 2025 correspondió a países desarrollados y centros financieros. Para el inversor actual no solo importan el costo de producción y el acceso a mano de obra, sino también la solidez de la infraestructura, el sistema financiero, la proximidad a un gran mercado y la capacidad de controlar las cadenas de suministro.

Estados Unidos mantiene el liderazgo
Estados Unidos se mantuvo en 2025 como el mayor receptor de inversión extranjera, aunque el flujo disminuyó un 2%, hasta $277,3 mil millones. La política arancelaria y la incertidumbre vinculada a las condiciones comerciales llevaron a parte de las empresas internacionales a postergar nuevos proyectos. Aun así, el mercado estadounidense sigue atrayendo grandes capitales: el valor de los proyectos greenfield anunciados creció un 30%, aunque su cantidad se redujo más de un 10%.
El segundo lugar lo ocupó Singapur: el flujo aumentó un 11%, hasta $150,9 mil millones. Hong Kong, en cambio, descendió a la tercera posición tras una caída del 16%, hasta $116,5 mil millones. Su volumen alcanzó así el nivel más bajo desde 2022. La posición de estos dos centros financieros debe evaluarse considerando su especificidad: una parte significativa de los fondos que transitan por ellos está vinculada a operaciones transfronterizas e intragrupales. Por ello, un alto volumen de IED aquí no siempre significa una escala equivalente de nuevas fábricas o instalaciones productivas.
China conservó el cuarto lugar, pero su indicador disminuyó un 9%, hasta $104,7 mil millones. Ante la debilidad de la demanda interna, las empresas chinas están trasladando con mayor intensidad su producción a otros países. Uno de los receptores destacados de ese capital es India: en 2025 el flujo de IED hacia allí creció un 44%, hasta $39 mil millones. Así, dentro de Asia está cambiando gradualmente no solo el volumen de inversiones, sino también el mapa de las cadenas productivas.
Europa repunta gracias a grandes operaciones
La redistribución de capitales se manifestó de forma especialmente notoria en Europa. Reino Unido multiplicó por cinco su flujo de entrada en un año, hasta alcanzar $75,2 mil millones, mientras que Alemania lo cuadruplicó hasta $74,3 mil millones. Como resultado, ambos países ocuparon el sexto y séptimo lugar entre los mayores receptores de IED, pese a que en 2024 ni siquiera figuraban entre los veinte primeros.
Sin embargo, estas cifras también requieren una interpretación cautelosa. En Alemania, el crecimiento se debió en gran medida a grandes operaciones transfronterizas de fusiones y adquisiciones. En particular, la danesa DSV adquirió la empresa logística alemana Schenker, mientras que la emiratí ADNOC compró la química Covestro. Este tipo de operaciones pueden alterar significativamente las estadísticas de IED en un solo año, aunque por sí mismas no implican una llegada masiva de nuevos proyectos productivos.
Una situación similar se observa en Brasil, que ocupó el quinto lugar con $76,9 mil millones, incrementando su flujo de entrada en un 23%. Un papel sustancial lo desempeñó el gran proyecto de construcción de un centro de procesamiento de datos de la china ByteDance por valor de $41 mil millones. Pero el valor de un proyecto anunciado y el flujo anual efectivo de IED son indicadores distintos, por lo que sería incorrecto atribuir todo el incremento de Brasil únicamente a esta operación.
El dinero fluye hacia centros de datos y chips
Paralelamente, está cambiando la estructura sectorial de las inversiones. En 2025, el valor de los proyectos greenfield a nivel mundial creció apenas un 1%, hasta $1,182 billones, mientras su cantidad se redujo un 10%. El aumento más notable se registró en infraestructura digital: el valor de las inversiones greenfield en este segmento se incrementó más de un 80%. Las inversiones en semiconductores crecieron un 11%, mientras que en electrónica sin fabricación de chips se contrajeron aproximadamente un 40%, en automoción un 25%, y en textil, confección y cuero alrededor de un 30%.

Aún más revelador resulta el cambio a largo plazo. La participación de sectores estratégicos —infraestructura de IA, tecnologías sensibles, semiconductores, minerales críticos y tecnologías de transición energética— en el valor de los proyectos greenfield pasó del 16% en 2020 al 44% en 2025. Su volumen aumentó de $109 mil millones a $576 mil millones. La infraestructura de IA y las tecnologías asociadas representaron el 60% de las inversiones en estos sectores estratégicos.
Para la economía mundial, esto supone un cambio en la propia lógica de asignación de capital. Las empresas internacionales ya no buscan simplemente el lugar más barato para producir. Cada vez cobran mayor importancia el acceso a tecnologías, energía e infraestructura, así como la posibilidad de ubicar la producción más cerca del consumidor final. Esto explica por qué las inversiones se concentran en torno a centros de datos, chips y otros sectores considerados críticos para las futuras cadenas de suministro.
El salto ruso tiene otra naturaleza
En este contexto, las estadísticas rusas resultan especialmente llamativas. Según datos de UNCTAD, el flujo de IED hacia Rusia en 2025 se multiplicó casi por 12, hasta $25,3 mil millones, lo que elevó al país del puesto 71 al 16 entre los mayores receptores de capital. Formalmente, se trata de una de las tasas de crecimiento más rápidas del mundo.
Sin embargo, sería erróneo considerar este resultado como una señal del regreso de los inversores extranjeros. La propia UNCTAD vincula este salto principalmente con la reinversión de beneficios de empresas debido a restricciones para su repatriación, reestructuraciones corporativas y otros flujos financieros. Con las restricciones vigentes y una actividad extremadamente limitada de nuevos proyectos, el indicador refleja más bien el movimiento de capital ya presente en el país que la llegada de nuevos negocios extranjeros.
El ejemplo ruso es importante precisamente en este sentido. Las estadísticas de IED agrupan operaciones de distinto contenido económico, desde la creación de una nueva empresa hasta beneficios reinvertidos y financiación intragrupo. Por ello, comparar países únicamente por el volumen de IED entrante resulta cada vez más complejo. Para evaluar el interés real de los inversores es necesario analizar también la cantidad de nuevos proyectos, su estructura sectorial y la naturaleza de las operaciones.
La globalización se vuelve selectiva
En 2026, las condiciones para la inversión internacional siguen siendo complejas. La UNCTAD prevé una desaceleración del crecimiento de la economía mundial del 3,4% en 2025 al 3,1%, y del comercio mundial del 5,1% al 2,8%. Al mismo tiempo, el índice de riesgo geopolítico aumentó de 145,1 a 230,8. Esto eleva el costo de la incertidumbre para las empresas que planifican proyectos con varios años de anticipación.
Por eso, el principal resultado de 2025 no es simplemente el aumento de la IED mundial hasta $1,624 billones. Lo que está cambiando es la propia estructura del movimiento de capitales. Los inversores se vuelven más cautelosos, reducen el número de proyectos y canalizan más recursos hacia grandes operaciones puntuales, centros financieros y sectores estratégicos.
Para los países, la competencia por el capital también está cambiando. Ya no basta con ofrecer al inversor mano de obra barata o un gran mercado interno. Cobran importancia la estabilidad de las cadenas de suministro, la base tecnológica, la energía y la capacidad de controlar la producción.