Los residuos como punto sociocultural de construcción de flujos materiales
Los residuos no son basura, sino un punto de transición entre flujos materiales. Cómo funciona la economía circular, la minería urbana y la transformación de residuos en materia prima industrial. Ejemplos del arte y la producción.
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Del residuo al material
Los residuos no son el final de la biografía de un objeto, sino el punto de conexión en la transición entre flujos materiales. Una botella de plástico puede convertirse en un cuadro, en flexografía, en gránulos o en un nuevo objeto. Una pieza metálica puede terminar en el flujo de basura, pasar por un proceso de separación y volver a la metalurgia. El vidrio puede transformarse en una obra de arte y luego en cascos de vidrio y componente de material de construcción. La materia orgánica puede convertirse en compost o biogás. Incluso lo que queda tras el tratamiento térmico de residuos se considera hoy una fuente de metales. El artista, el clasificador, el metalúrgico y el fabricante se convierten en participantes de un mismo proceso.
El arte y la industria, en su proceso de reflexión, cuestionan la propia categoría de "objeto inútil". Uno de los ejemplos más conocidos es el del artista brasileño Vik Muniz (Vik Muniz). En la serie «Pictures of Junk» disponía basura y chatarra metálica de tal manera que de los residuos surgían composiciones. Para el proyecto V. Muniz transformó la basura en algo semejante a los cuadros del artista italiano Caravaggio (). Para crear la serie, el artista contó con la participación de recolectores de materiales reciclables que se ganaban la vida en el vertedero cerca de Río de Janeiro. Munis realiza en su taller artístico una "operación sobre el concepto mismo de valor". Los desechos, desde la perspectiva del artista, se convierten en color, textura, forma e historia humana.
En las obras del artista africano El Anatsui, simples tapas de botellas se transforman en enormes lienzos metálicos que evocan tejidos. «The Metropolitan Museum of Art» describe cómo el artista utiliza tapas de botellas recicladas, uniéndolas manualmente en composiciones de gran escala2,3. Para el artista, la tapa deja de ser un componente de envase que ya cumplió su función. Se convierte en la partícula elemental de una nueva materia.
En Rusia, esta transformación también cuenta con casos artísticos. La artista Nina Nikiforova desarrolla el proyecto "Desechos de la civilización convertidos en obras de arte sin fronteras". Utiliza bolsas de polietileno, tapas, botellas y otros objetos viejos para crear collages, objetos de decoración y formas paisajísticas4.
Las obras del artista Aristarkh Chernýshev abordan la problemática del hiperconsumo. Se encuentran ya en la frontera entre el arte, la tecnología y la ingeniería. A. Chernýshev, con un enfoque ingenieril, diseña objetos de manera autónoma y recurre a cosas desechadas y residuos como material para reflexionar sobre el consumo contemporáneo5. N. Nikiforova demuestra que de un desecho se puede crear un objeto, mientras que A. Chernýshev plantea una pregunta más incómoda: "¿Por qué producimos tantas cosas que se convierten tan rápidamente en residuos?". Al reflexionar sobre la gestión de residuos se produce una transición de la estética a la economía, ya que el problema de los residuos sólidos urbanos no radica únicamente en que tras el consumo queda demasiado material. Comienza en el momento mismo del diseño del producto.
Resulta revelador el proyecto "Cultura del cotidiano. Recycle & Trash to Fashion", que tuvo lugar en San Petersburgo6. Los diseñadores visitaron plantas de tratamiento de residuos, seleccionaron materiales secundarios específicos y a partir de ellos diseñaron nuevos objetos. En la exposición se presentaron piezas elaboradas con plástico reciclado, vidrio de botellas, Tetra Pak, neumáticos de automóvil, residuos textiles, botellas PET y otros materiales.
A partir de esto se puede observar cómo el artista pregunta "¿Qué puedo expresar con este material?", el diseñador "¿Qué puedo hacer con él?", el ingeniero "¿Qué propiedades tiene este material?", el fabricante "¿Se pueden hacer mil productos idénticos con él?". Y esta última pregunta resulta ser la más difícil, ya que al arte le basta con un objeto logrado, mientras que la industria necesita miles, decenas de miles y millones de productos de calidad uniforme. Y aquí comienza la verdadera historia del reciclaje.
Cuando el desecho se convierte en materia prima industrial
El sector industrial piensa de otra manera. Para él, la botella es la forma original del polímero. Primero hay que recolectarla y clasificarla, luego separarla de otros polímeros y contaminantes, triturarla, lavarla, prepararla y obtener un material con características predecibles. El resultado es materia prima secundaria. Cuando la botella se convierte en una fracción estandarizada, surge materia prima para el mercado de materiales.
En este contexto resulta especialmente revelador el experimento de LEGO. En 2021 la compañía presentó un prototipo de pieza fabricada con PET reciclado, obtenido de botellas de plástico usadas. Más de 150 especialistas durante tres años probaron más de 250 variantes de PET y cientos de otras composiciones plásticas para lograr la resistencia, seguridad y capacidad de ensamblaje requeridas entre las piezas7. Al mismo tiempo, en el estudio de Asharf N. et al se señala que alcanzar indicadores óptimos de resistencia es posible con un contenido de plástico del 30-40%, la mezcla de polietilentereftalato (PET) con arena demuestra alta resistencia a la compresión de hasta 76,85 PA8. Reciclar una botella es relativamente fácil, pero fabricar con material secundario una pieza que debe ensamblarse con precisión durante décadas con otra pieza es una tarea completamente distinta. Aquí se revela la principal paradoja de la economía circular: cuanto más complejo es el producto, más difícil resulta devolver su material a la producción sin pérdida de calidad. El desecho debe dejar de ser simplemente "reciclado": debe volverse predecible en sus características para su uso posterior.
En Nairobi, la ingeniera de materiales Nzambi Mati creóGjenge Makers» una empresa que fabrica adoquines de construcción a partir de una mezcla de plástico reciclado y arena. «UNEP» informó que la planta producía alrededor de 1.500 baldosas al día, y que la tecnología fue desarrollada precisamente como una forma de abordar los problemas de residuos plásticos y la escasez de materiales de construcción asequibles9. El envase ya no regresa necesariamente a ser envase, puede pasar a un circuito material completamente diferente, convertirse en material de construcción. En este caso, observamos una transición intersectorial de la materia prima. La economía circular no es el retorno infinito del objeto a su forma original, sino la capacidad del material de pasar de un sistema productivo a otro, conservando su valor económico.
La materia prima secundaria busca a su consumidor
La economía de las materias primas secundarias comienza precisamente con la separación de los flujos materiales. En el proyecto «Cultura del Hogar», los diseñadores experimentaron con vidrio de botellas. Lo trituraban en fracciones pequeñas y lo utilizaban para crear piezas mediante la tecnología «pâte de verre» («pasta de vidrio»).
Uno de los momentos más impresionantes llega cuando los residuos comienzan a parecerse al «mineral». Tras el tratamiento térmico de los residuos municipales, queda un residuo de cenizas y escorias de fondo — incinerator bottom ash (IBA). Antes, las organizaciones se preguntaban: «¿Dónde enterrarlo?», pero hoy la pregunta es otra: «¿Qué más se puede extraer de esto?». Y la respuesta incluye metales. Los modernos sistemas de clasificación por sensores permiten separar flujos metálicos complejos. Por ejemplo, en julio de 2026 «TOMRA» anunció la ampliación de su tecnología «Dynamic LIBS» sobre los residuos de cenizas y escorias tras la incineración de basura. El sistema permite separar de flujos complejos diversos tipos de aleaciones de aluminio, cobre, latón y otras fracciones metálicas10. En este contexto, la metáfora de la "mina urbana" deja de ser una metáfora: la planta de clasificación equipada con tecnología especializada se convierte en una auténtica "planta de enriquecimiento".
Cambia el propio concepto de "yacimiento". Si el metal puede extraerse de un automóvil viejo, una computadora, un envase o cenizas de incineración, ¿dónde se encuentra entonces el yacimiento? El yacimiento puede estar en una zona industrial abandonada, en un vertedero, en un contenedor de residuos sólidos urbanos, en aparatos electrónicos viejos, en la ciudad, en una empresa que ayer llamábamos "basurero". Aquí se revela la lógica del «urban mining» (la "minería urbana") con su característico "metabolismo"11. La ciudad se convierte en una reserva acumulada de materiales. En la economía lineal, los agentes económicos desechan materiales en cuya producción ya invirtieron energía y recursos.
Según datos oficiales de Rosprirodnadzor, en 2025 se generaron en Rusia 46,4 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos. Se destinaron al tratamiento 25,48 millones de toneladas, a la valorización 4,6 millones de toneladas, y al vertido 37,75 millones de toneladas12. En el país se generan anualmente decenas de millones de toneladas de residuos municipales. El problema no radica únicamente en la cantidad de residuos, sino en que los flujos de materiales aún no están suficientemente separados, depurados, estandarizados ni conectados con consumidores industriales. El fenómeno observado se corresponde con uno de los conceptos fundamentales de la antropóloga social Douglas M., quien señalaba que la basura es materia fuera de lugar («matter out of place»)13.
El ciclo cerrado comienza con el diseño
En este punto es fácil llegar a una conclusión errónea: hay que construir más plantas de reciclaje. Pero una planta es solo parte del sistema. Por eso la economía de ciclo cerrado no comienza en la planta, sino con el diseño del producto, el sistema de recolección, la infraestructura de clasificación y los requisitos de calidad de la materia prima secundaria. Precisamente por esto el diseñador, el clasificador y el tecnólogo están en realidad resolviendo el mismo problema, solo que cada uno lo ve desde un extremo diferente.
A menudo en los informes especializados de las regiones puede verse la línea "se reciclaron n miles de toneladas de plástico". Pero la siguiente pregunta debería ser más contundente: "¿En qué exactamente se recicló?". Si después del reciclaje se obtiene un material que nadie quiere comprar, el ciclo económico no se ha cerrado. Si el polímero secundario solo puede utilizarse en productos de baja calidad y luego vuelve al vertedero, eso no es un "ciclo". Si se extrajo metal de las cenizas pero no es lo suficientemente puro para la metalurgia, se necesita una siguiente etapa tecnológica. Si el vidrio está clasificado pero es económicamente más rentable usar materia prima virgen, surge un problema de mercado.
El fabricante se convierte en el último eslabón y en el primero simultáneamente. Un fabricante motivado debe decir: "Necesito un material con determinadas características, con el cual realmente se pueda ganar dinero", y el sistema de clasificación debe aprender a obtenerlo. El tecnólogo necesita aprender a "limpiarlo", el reciclador debe hacer que la materia prima sea "estable" con un conjunto determinado de características, el diseñador debe idear un producto apto para su posterior procesamiento, y el consumidor necesita la posibilidad y el deseo de comprarlo.
El futuro de los residuos no está en el cubo de basura. La economía circular no significa simplemente un reciclaje más eficiente de la basura. Significa cambiar la ruta de los materiales. En cada etapa cambia no tanto el material en sí, sino su función potencial y su estatus económico. Y precisamente por eso el problema de la gestión de residuos va mucho más allá de la agenda ecológica. Toca la cuestión de repensar cómo la civilización maneja la materia después de que deja de necesitar su forma original.
Detrás de una bolsa negra de basura hay decenas de rutas posibles. Una lleva al vertedero, otra a la línea de clasificación, una tercera al horno, una cuarta a la metalurgia, la quinta a la industria de la construcción, la sexta al taller de un artista, la séptima a un nuevo producto. Y la cuestión del futuro no radica solo en cuántos residuos se producen, sino en cuántos flujos de materiales han visto y creado los agentes económicos a partir de esa bolsa negra de residuos. Es necesario aprender a ver en el final del consumo no un final, sino los siguientes puntos de crecimiento y ramificadas cadenas productivas potenciales.
11. Wolman A. The Metabolism of Cities // Scientific American. 1965. Vol. 213. P. 179–190.