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Leer original →¿Por qué la desaceleración de la inflación en Rusia en 2026 podría ser temporal? El análisis de la inflación tendencial (MCT) muestra que, pese a la caída del IPC al ~5,9%, la presión sostenida sobre los precios se mantiene por encima del 7%. Desglosamos la estructura inflacionaria, las estimaciones del Banco de Rusia y los riesgos para la política monetaria.

A comienzos de 2026, la inflación en Rusia comenzó a desacelerarse. Sin embargo, la reducción del índice general de precios al consumidor aún no refleja un debilitamiento de la presión inflacionaria subyacente. Nos referimos a esa porción del aumento de precios que no responde a factores estacionales, fluctuaciones puntuales ni shocks de corto plazo. Es precisamente esta componente la más relevante para la política monetaria. Por eso, para evaluar los riesgos de mediano plazo es necesario separar las variaciones temporales de precios de su componente persistente. Esa es justamente la función de las estimaciones de inflación tendencial.
En la práctica internacional, el análisis de la inflación no se limita a comparar los índices general y subyacente. Investigadores y bancos centrales recurren cada vez más a indicadores de inflación persistente, que permiten aislar la parte de largo plazo del crecimiento de precios y distinguirla del ruido temporal, los shocks y los cambios relativos de precios. Uno de los ejemplos más conocidos es la estimación multidimensional de inflación tendencial, MCT, desarrollada por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Este indicador considera no solo la persistencia de la inflación en el tiempo, sino también la amplitud de su propagación entre sectores. En otras palabras, el MCT permite distinguir picos de precios puntuales de una presión inflacionaria sistémica y extendida.
Para Rusia, la idea de aislar la componente persistente de la inflación no es nueva. El Banco de Rusia publica estimaciones de inflación tendencial. Sin embargo, esas estimaciones no responden a la cuestión de la estructura interna de la presión sostenida sobre los precios. En el presente trabajo, el modelo multidimensional MCT se aplica por primera vez a datos desagregados de Rusia. Esto permite estimar no solo el nivel de la inflación tendencial, sino también descomponerla en componentes general y sectoriales.
Entre octubre de 2025 y marzo de 2026, la inflación anual observada cayó del 7,73% al 5,87%, mientras que la inflación subyacente retrocedió del 6,92% al 5,01%. Sin embargo, la estimación mediana del MCT no registró una caída comparable. Por el contrario, subió del 6,42% en octubre al 7,66% en enero, para luego corregirse solo parcialmente: hasta el 7,60% en febrero y el 7,38% en marzo. Esto significa que, pese a la desaceleración del IPC general, la presión inflacionaria persistente se mantuvo elevada. Más aún, la inflación tendencial durante este período se situó significativamente por encima tanto de la inflación observada como de la subyacente.

Este resultado impide interpretar la desaceleración inflacionaria en los índices agregados como señal de desinflación sostenible. En marzo de 2026 persistía una brecha considerable entre la inflación corriente y su estimación tendencial. La inflación efectiva se ubicaba en el rango del 5,86-5,87%, mientras que el MCT permanecía cerca del 7,4%. Esta brecha indica que gran parte de la reciente desaceleración obedeció a factores temporales y volátiles, y no a una reducción sostenida de la presión inflacionaria de mediano plazo.
Es importante destacar que esta conclusión coincide con las estimaciones oficiales del Banco de Rusia. En marzo de 2026, la inflación anual descendió al 5,86%, mientras que la estimación quinquenal de inflación tendencial del Banco de Rusia alcanzó el 7,84%, y la trienal el 7,49%. Dicho de otro modo, la divergencia entre la inflación corriente y su componente persistente no solo se constata en el modelo presentado, sino también en el análisis oficial. Esto significa que la caída de la inflación corriente aún no ha venido acompañada de un debilitamiento equiparable de la presión sostenida sobre los precios.

La descomposición del MCT en componentes general y sectorial muestra que el aumento de la inflación tendencial se debió principalmente a la componente general, mientras que el papel de la parte sectorial permaneció acotado. Esto significa que la presión persistente sobre los precios no afectó a sectores aislados, sino a la economía en su conjunto.
La literatura internacional demuestra que la inflación tendencial es importante porque está vinculada a pérdidas duraderas de bienestar. En el trabajo de Ascari y Sbordone, The Macroeconomics of Trend Inflation (2014), se demuestra que una inflación tendencial positiva amplía la dispersión de precios relativos, hace más volátil y menos resistente a la economía, y dificulta la estabilización de la inflación y de las expectativas. En este sentido, la inflación tendencial no es simplemente una estimación suavizada de la inflación corriente, sino una característica del entorno macroeconómico de la cual dependen los costos de la política monetaria y la eficiencia en la asignación de recursos.
Esta conclusión recibió desarrollo cuantitativo en el artículo de Ascari, Phaneuf y Sims, On the Welfare and Cyclical Implications of Moderate Trend Inflation (2018). Los autores demuestran que, en un modelo DSGE ampliado, el aumento de la inflación tendencial del 2% al 4% conlleva pérdidas de bienestar equivalentes a aproximadamente el 4% del consumo. Estas pérdidas obedecen al incremento de la dispersión de precios y salarios, al aumento de los márgenes y a los mayores costos de estabilización macroeconómica. Un trabajo más reciente de Ascari y Fosso, The International Dimension of Trend Inflation (2024), muestra que la inflación tendencial también puede verse influida por costos externos que evolucionan lentamente. De este modo, la cuestión sobre la naturaleza de la inflación tendencial y los mecanismos de su impacto sobre el bienestar sigue abierta.
Los resultados obtenidos muestran que a comienzos de 2026 en Rusia se mantuvo una inflación tendencial elevada, pese a la caída de la inflación general y subyacente. Su origen fue, ante todo, una presión amplia sobre los precios, y no un conjunto de shocks sectoriales dispersos. La comparación con las estimaciones del Banco de Rusia, a su vez, revela que no se trata de una peculiaridad del modelo empleado, sino de una señal sustantiva persistente, dado que la inflación tendencial se mantuvo notablemente por encima del objetivo.
En definitiva, la desaceleración observada de la inflación aún no permite hablar de un retorno sostenible hacia la meta. La caída de la inflación corriente todavía no ha venido acompañada de una reducción comparable de su componente persistente. Por eso es prematuro hablar de un rápido retorno de la inflación al nivel objetivo y, mucho menos, de la posibilidad de una relajación veloz de la política monetaria.