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Leer original →La brecha atómica: por qué Europa tendrá dificultades para renunciar al uranio ruso
La UE planea prohibir las importaciones de combustible nuclear ruso, pero la transición llevará 10 años y costará entre 4.000 y 6.000 millones de euros. Analizamos la dependencia tecnológica de Europa del uranio procedente de Rusia y las consecuencias para los precios de la energía.

Cifras nucleares de las que no se puede escapar
La Comisión Europea confirmó sus planes de prohibición gradual de las importaciones de combustible nuclear ruso, un paso que debería completar el "divorcio" energético de Europa con Rusia. La portavoz de la CE, Ana Kaisa Itkonen, aclaró: "Las cadenas de suministro en el sector de la energía nuclear tienen sus particularidades y complejidades". Traducido del lenguaje diplomático: renunciar es posible, pero ni rápido ni indoloro.
Según datos de Euratom, en 2023 Rusiasuministrabaalrededor del23% del uranio naturala la UE y casi el27% de los servicios de conversión, sin los cuales el enriquecimiento es imposible. En el segmento del uranio enriquecido, la cuota de Rosatom es aún mayor:hasta el 38% del mercado de la Unión Europea.
Estas cifras no son mera estadística: describen una realidad en la que el uranio ruso está integrado en la propia arquitectura de la energía nuclear europea. En 2023, la UE adquirió combustible nuclear ruso por más de €700 millones, y eso a pesar de que las importaciones energéticas totales desde Rusia cayeron decenas de veces. Rusia suministra menos recursos energéticos, pero no ha perdido el control sobre un eslabón crítico del ciclo energético.
Un saludo atómico desde la URSS
El principal problema de Europa radica en que una parte considerable de las centrales nucleares europeas —especialmente en Europa del Este— fueron construidas según proyectos soviéticos con reactores VVER. Actualmente en la UEoperan 99 reactores,11 de los cuales son VVER, construidos con tecnología soviética y mantenidos por Rosatom. En Hungría, Eslovaquia y Chequia garantizan hasta el 50% de la generación nacional, y todos están "diseñados" para combustible ruso.
Cualquier intento de sustituirlo por alternativas occidentales requiere no solo un nuevo contrato, sino prácticamente una recertificación del reactor: recálculo del núcleo activo, licenciamiento, pruebas adicionales. Son años de trabajo y cientos de millones de euros por cada central. Por ejemplo, la corporación nuclear checa ČEZcomenzóla diversificación de proveedores de combustible para los reactores de Temelín y Dukovany ya en 2018, intentando reemplazar al proveedor ruso TVEL. Y solo en 2025, tras todas las verificaciones, llegaron los primeros suministros de combustible estadounidense de Westinghouse.