Corrupción a la china: cómo Pekín intenta vencer el mal sistémico del poder
Cómo China combate la corrupción: estadísticas de la campaña anticorrupción de 2025, sanciones a 983 mil funcionarios, índice de percepción de la corrupción y limitaciones sistémicas del modelo chino.
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Resumen con IA
China lleva a cabo desde 2012 una campaña anticorrupción a gran escala bajo el liderazgo de Xi Jinping, en el marco de la cual han sido sancionadas más de 6,2 millones de personas. A pesar de los esfuerzos sin precedentes, el país mantiene un nivel medio de corrupción (43 puntos de 100 según el índice CPI), lo que está relacionado con las particularidades estructurales del sistema de gobierno. La campaña cumple no solo una función anticorrupción, sino también política, fortaleciendo el poder y la disciplina dentro de la élite del partido.
La magnitud del problema: por qué la corrupción se ha convertido en una de las principales amenazas para China
La corrupción en China ha acompañado la modernización económica del país durante varias décadas. El rápido crecimiento económico, las inversiones estatales a gran escala y el papel preponderante del aparato partidista-estatal han creado un entorno propicio para el abuso de poder.
Según datos de Transparency International, en 2025 China obtuvo 43 puntos de 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción (CPI). El índice mide cómo expertos y la comunidad empresarial evalúan su prevalencia, hasta qué punto las prácticas corruptas se consideran habituales o aceptables en el sector público. Cuanto mayor es el indicador, menor es el nivel percibido de corrupción. Este resultado coincide con el promedio mundial y prácticamente no ha variado respecto a 2024 (43 puntos) y 2023 (42 puntos).
A pesar de las campañas anticorrupción a gran escala, China sigue siendo un país con un nivel medio de percepción de corrupción. En el ranking global, el país se sitúa aproximadamente en la mitad de la lista mundial.
Las causas de la persistencia de la corrupción residen en la estructura del sistema de gobierno chino:
el papel significativo del Estado en la economía;
el enorme volumen de contratos públicos y proyectos de infraestructura;
la dependencia de la carrera de los funcionarios respecto a las conexiones intrapartidarias.
Durante mucho tiempo, la corrupción se percibió como un subproducto del rápido crecimiento económico. Sin embargo, a principios de la década de 2010 se convirtió en un serio riesgo político para el Partido Comunista de China.
Durante las décadas previas de rápido crecimiento, se ampliaron significativamente las competencias de las autoridades regionales, aumentaron los volúmenes de inversión estatal y proyectos de infraestructura, lo que incrementó las oportunidades para el abuso. En este contexto, se multiplicaron los sonados escándalos de corrupción en las altas esferas. Uno de los más resonantes fue el caso del líder partidista de Chongqing, Bo Xilai, en 2012, acusado de corrupción y abuso de poder. El escándalo fue ampliamente debatido en el país y demostró que la corrupción no solo afectaba al nivel regional, sino también a la élite del partido. Para la dirigencia china, esto fue una señal de que el problema podía socavar la confianza de la sociedad en el poder y la disciplina dentro del partido, lo que a largo plazo amenazaba la legitimidad del sistema político.
2012: el inicio de la mayor campaña anticorrupción en la historia moderna de China
Ese mismo año marcó un punto de inflexión también porque Xi Jinping asumió como secretario general del PCCh y líder de facto del país. Entonces se lanzó una campaña masiva contra la corrupción que rápidamente se convirtió en el eje central de la política interna de China. Oficialmente, su objetivo se formulaba como la lucha contra "tigres y moscas", es decir, simultáneamente contra funcionarios de alto rango y servidores públicos de base.
La lucha contra la corrupción gozó de amplio respaldo popular y permitió al poder demostrar su disposición a castigar a los funcionarios por abusos, fortaleciendo la legitimidad pública del partido. Al mismo tiempo, la campaña se convirtió en un instrumento para reforzar la disciplina dentro de las élites y consolidar el poder: bajo investigación cayeron no solo funcionarios regionales, sino también representantes de la alta dirección, incluidos ministros, directivos de corporaciones estatales y generales del Ejército Popular de Liberación de China.
Las purgas anticorrupción también reforzaron el control sobre instituciones clave del Estado, principalmente el ejército, donde en los últimos años varios comandantes de alto rango fueron destituidos. En definitiva, la campaña cumplió no solo una función anticorrupción, sino también política, consolidando la posición de Xi Jinping dentro de la élite partidaria y militar.
Desde entonces, la política anticorrupción se ha convertido en una de las más masivas de la práctica mundial. Según datos de los organismos de supervisión chinos, desde 2012 más de 6,2 millones de personas han sido objeto de sanciones disciplinarias. En 2023-2024 fueron destituidos varios generales de alto rango y jefes de las fuerzas de misiles, lo que los analistas vinculan no solo con la lucha contra la corrupción, sino también con el fortalecimiento del control personal de Xi Jinping sobre el ejército.
Magnitud de la lucha: estadísticas de 2025
Si observamos los datos actuales, la magnitud de la campaña sigue siendo enorme. En 2025:
se aplicaron medidas disciplinarias a aproximadamente 983 mil personas;
se investigaron más de 1 millón de casos de corrupción;
se iniciaron 115 casos contra funcionarios de nivel provincial y ministerial;
69 funcionarios de alto rango recibieron sanciones.
Se trata de uno de los indicadores más elevados de los últimos años. Para entender la dinámica: en 2024 hubo alrededor de 596 mil casos, se sancionó a aproximadamente 462 mil personas, mientras que en 2025 fueron casi 1 millón de sancionados.
El aumento en el número de sanciones revela dos cosas: el Estado amplía la escala de las investigaciones y la corrupción sigue siendo un problema sistémico.
Mecanismos del sistema anticorrupción chino
La principal herramienta de lucha ha sido la Comisión Central de Inspección Disciplinaria (CCDI, por sus siglas en inglés), un órgano del partido que cuenta con amplias facultades.
Sus funciones clave:
investigación de delitos de corrupción;
inspecciones intrapartidarias;
control del comportamiento de los funcionarios;
remisión de casos a la fiscalía.
El sistema se construye sobre varios principios.
Disciplina intrapartidaria estricta En China, la corrupción se considera no solo un delito penal, sino también una violación de la disciplina partidaria. Esto permite sancionar a los funcionarios con mayor rapidez que a través del sistema judicial.
Campañas públicas Las investigaciones anticorrupción son difundidas regularmente por los medios estatales. Esto las convierte en un instrumento de movilización política y de demostración de la "determinación del poder".
Sanciones incluso después de dejar el cargo Las autoridades chinas subrayan que la jubilación no protege a los funcionarios de las investigaciones. Esto busca desmantelar la práctica tradicional de eludir responsabilidades tras el fin de la carrera profesional.
Operaciones internacionales China también lleva a cabo las operaciones Fox Hunt y Sky Net, orientadas a la repatriación de funcionarios acusados de corrupción que se encuentran en el extranjero.
Consecuencias económicas de la campaña
La campaña anticorrupción tiene un impacto notable en la economía china, especialmente en sectores donde el Estado distribuye recursos. Uno de estos segmentos es el mercado inmobiliario, fuente clave de ingresos para las autoridades locales y tradicionalmente considerado uno de los más corruptos. Diversos estudios muestran que tras las investigaciones anticorrupción en las regiones se redujo el uso de esquemas opacos de venta de terrenos, y los precios de la tierra se acercaron más a los valores de mercado. Esto limitó las oportunidades para acuerdos informales entre funcionarios y promotores inmobiliarios, haciendo más transparentes las condiciones para hacer negocios.
Sin embargo, la campaña también tiene efectos secundarios. El mayor control vuelve más cautelosos a los funcionarios: muchos evitan tomar decisiones por iniciativa propia por temor a ser investigados. Los analistas señalan que esto puede ralentizar la toma de decisiones económicas a nivel local y frenar la ejecución de algunos proyectos.
Además, las restricciones al gasto de los funcionarios —por ejemplo, en banquetes y eventos de representación— afectan la demanda interna. Los economistas han observado que estas medidas pueden reducir el crecimiento del consumo en aproximadamente un punto porcentual, dado que el sector público chino emplea a decenas de millones de trabajadores.
Limitaciones del modelo chino
A pesar de la magnitud de la campaña, su eficacia sigue siendo objeto de debate. Una de las principales limitaciones del modelo chino radica en que los órganos anticorrupción están integrados en el sistema del partido y subordinados al Partido Comunista. El control se ejerce dentro de la misma estructura donde surgen las prácticas corruptas.
Otro problema persistente es la transparencia limitada. Las investigaciones independientes y el control ciudadano están poco desarrollados en China, y el acceso a información sobre muchos casos permanece cerrado. Esto reduce las posibilidades de evaluación externa sobre la eficacia de la política anticorrupción.
Además, persisten incentivos sistémicos para la corrupción. La economía china depende en gran medida de la distribución administrativa de recursos: tierras, créditos, licencias y contratos estatales. Cuando el acceso a estos recursos se determina por decisiones de funcionarios, el espacio para los abusos se mantiene. Por eso los indicadores de percepción de la corrupción en rankings internacionales cambian relativamente lento, pese a las investigaciones de gran envergadura.